25 febrero, 2012

NZ2/24Feb

Sale el sol en Heathrow, acabamos de hacernos un vuelo de 12 horas tan frescos y hemos volado en la última adición a la flota de Boeing 777-300 (el ZK-OKQ) pintado con colores de los All Blacks, celebrando que ganaron la copa del mundo de rugby. Una oportunidad fotográfica como esta no se puede dejar escapar así como así.


Hipóxicos: cualquiera diría que acabamos de hacer un vuelo de 12 horas.

13 enero, 2011

Cruzando Kazajistán

Hace ya un tiempo que los vuelos de Hong Kong a Londres toman una nueva ruta (la ruta Y2 que sugirió IATA). Anteriormente hacíamos un vuelo un poco más largo bordeando las montañas. Esa ruta se cambió, posiblemente debido a la presión de las aerolíneas por rutas más cortas para ahorrar combustible, y ahora volamos una ruta más alta, por entre las montañas, cerca de Aksu, la última ciudad de China antes de entrar en Kazajistán. Además como volamos de día, las vistas son impresionantes: tras cruzar el desierto del Gobi, que tardamos unas 3 horas, llegamos a las montañas, que marcan la frontera, y se ven picos de más de 7500 metros de altura, glaciares, valles y rios, y todo con una claridad impresionante ya que volamos a muy poca altura por esa zona.

Es uno de esos momentos cuando todo el mundo saca sus camaras y aprovechan a sacar fotos de una zona tan remota del planeta que posiblemente jamás visitarán en persona. Y ya hacía tiempo que quería traerme mi cámara, así que me llevé mi Samsung NX10 y me puse a sacar fotos desde la cabina del piloto


Vanessa, Danielle y yo en la galera del 777-200.


Las vistas de las montañas de Kazajistán

26 octubre, 2010

Bye, bye, Jellybean

El domingo fue el último vuelo de Eleni, también conocida como Jellybean. Tras cuatro años en la compañía, ha decidido volver a enseñar baile, que era a lo que se dedicaba antes de volar.


Alison, yo y Eleni.


¡Adios Jellybean! Te vamos a echar de menos…

18 octubre, 2009

LH730 de Munich a Hong Kong

…visto desde la cabina del piloto de mi vuelo a Hong Kong NZ38 el 18 de Octubre del 2009.


El airbus 340-600 de Lufthansa operando el vuelo LH730 de Munich a Hong Kong visto desde nuestro vuelo.

19 agosto, 2009

Propina

La vida te da lecciones. Hasta ayer he odiado a mis pasajeros americanos. Serán gente honrada y de buen corazón, pero como pasajeros es lo peorcito que existe: exigentes, ruidosos, mal educados, bocazas, egocéntricos… Bueno eso fue hasta ayer, cuando volviamos de Los Angeles. Estaba yo trabajando en el piso de arriba del 747, la “terraza de primera clase”, como la llamo yo, y estaba a cargo de mis 10 pasajeros de clase business. Entre ellos había una pareja de americanos típica: obesos los dos que casi ni cabían en el asiento, con muy poca clase y menos estilo a pesar de volar en primera. Ella, supuestamente “doctora”, con un pelucón enorme pelirojo al estilo Dallas ochentero que ni siquiera estaba de moda por entonces. Él con sus pantalones vaqueros feos de los que suben hasta el ombligo, camiseta de algodón, botas de cowboy, gorra de los L.A. Angels… vamos la típica pareja de yankees de los que te hacen chirriar los dientes al verlos subir a bordo.

Y como tengo muy buen ojo, yo ya sabía que me iban a hacer ganarme el jornal… champán, agua mineral con gas, una almoada, un menú, una tarjeta de inmigración, otra tarjeta de inmigración que me he equivocado, que cómo se ponen las películas, que si puedes preguntar al capitán qué tiempo hace en londres, me puedes bajar mi mochila, que si dónde están los baños, un bourbon con hielo, otro por favor, qué vinos tienes, dame esto, dame lo otro, y más, y más, y más… y así durante 11 horas y 35 minutos de vuelo sin parar.

Yo, que soy muy profesional y bien educado, sin ningún problema les atendí en todo lo que me pidieron. Habíamos terminado ya el servicio de desayuno antes de aterrizar en Heathrow cuando mi sobrecargo vino a la galera a decirme que el señor Petersen estaba muy impresionado conmigo y mi servicio. “Mira, por lo menos parecen agradecidos”, pensé, y a pesar de haberme echo ganarme el jornal céntimo a céntimo, les regale unas muestras de aceite de oliva de Nueva Zelanda que ofrecemos en primera clase, ya que a la doctora Sumner le había gustado muchísimo. “¡Oh, Dios, mio! Eres un cielo…”, gritaba cuando le presenté el suvenir.

Aterrizamos, desarmamos rampas y al despedirnos vinieron a darme las gracias. “Amazing service!”, me decían. “Me alegro de que se lo hayan pasado bien”, les dije. Y al darme la mano la doctora Sumner me dió noté que me daba un papel, y al mirar vi la cara de Sir John Houblon en rojo, lo cual sólo podía significar una cosa. “No, no, de verdad, no tienen porqué…”. “Insistimos”, me decían, “ha sido el mejor vuelo que hemos tenido nunca”. Y es que oficialmente no podemos aceptar propinas, y esto va escrito en nuestro contrato, y me puedo meter en un lio, pero como al desembarcar estaba yo solo en la cabina y ninguno de mis compañeros nos había visto, trás, en medio segundo me lo metí al bolsillo y a chitón, la burra callando, mi cuenta bancaria tintineando, ja ja ja…

Y así me gané 50 libras extra, unos 60 euros, como 10.000 de las antiguas pesetas, o 2800 Baht tailandeses (y eso es mucho Baht…), lo cual me van a venir de lo lindo en mi próximo viaje a Thailandia.

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Ama a tus amigos y más a tus enemigos… 50 libras es mucho Baht tailandés