Neil se graduó en artes gráficas antes de hacerse azafato y como siempre le han gustado los aviones, ha pintado una gran colección de cuadros de multitud de aerolíneas. Uno de esos cuadros, que él pintó mucho antes de habernos conocido, es de un 747 de Air New Zealand que lo tenía colgando al lado de su cama. David en cuanto lo vió se enamoró y no paró hasta que Neil accedió a vendérselo. Ahora, como el gran explorador no sabe cómo llevárselo a su casa en Barcelona, pues lo estoy cuidando yo, como si la Moma le prestase un Matisse a la Guggenheim, así que he aprovechado y le he sacado una buena foto de recuerdo.

A la venta: un 747 de Air New Zealand.




































